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Carga mental5 min de lectura

Cuando el desorden es de todos: casa con chicos y pareja

En una casa donde viven varias personas, el desorden lo hacen todos, pero muchas veces lo piensa una sola. Por qué los consejos de siempre no alcanzan y por qué no es un fracaso tuyo.

Living con juguetes de madera en la alfombra, zapatillas de adulto y de chico y una mochila escolar.

A la mañana la casa quedó bien. A la tarde vuelven todos: mochilas en el pasillo, zapatillas en el medio, un abrigo en la silla, juguetes en la alfombra, la taza de alguien al lado de la pileta, no adentro. A la noche cuesta creer que a la mañana estaba ordenada.

En una casa donde vive más de una persona, el desorden se multiplica. El trabajo de pensarlo, muchas veces, no se reparte igual.

Lo que cuenta la gente

Cuando la gente habla de orden en una casa compartida, aparecen siempre las mismas escenas:

  • Muchos consejos de orden parecen pensados para quien vive sola. En pocos minutos se limpia el baño de una persona; después de toda la familia, hace falta bastante más.
  • Lo que una saca, otro lo rescata de la bolsa. Algunas personas hablan de discusiones que no terminan nunca.
  • Cuando piden colaboración, algunas escuchan que el otro no piensa memorizar dónde va cada cosa. Y pedir lo mismo una y otra vez se parece demasiado a hablarle a un adolescente.
  • También aparece del otro lado: gente joven que recién empieza a convivir y no sabe cómo plantearle a su pareja que no ordena lo que usa. El problema no es de un solo género ni de una sola edad.
  • Y una idea con mucho apoyo: el secreto de una casa en orden es que colabore toda la familia. Lo difícil es cómo llegar ahí.

Por qué pasa

Hacer no es lo mismo que pensar

La socióloga Allison Daminger entrevistó a 35 parejas y describió en 2019 la parte del trabajo doméstico que no se ve: anticipar lo que va a hacer falta, buscar opciones, decidir y controlar que se haga. En su estudio, las mujeres hacían más de la parte de anticipar y de controlar.

Eso explica una escena muy común. Alguien de la casa dice, de buena fe: «avisame y te ayudo». Y ayuda. Pero que haya que avisar significa que otra persona tuvo que darse cuenta antes de que hacía falta, pensar quién podía hacerlo y después fijarse si se hizo. Esa parte sigue en la misma cabeza.

Lo que se piensa no se ve

Vale la pena volver a las cuatro partes que describe Daminger, anticipar, buscar opciones, decidir y controlar, y mirarlas de a una, porque casi ninguna deja rastro. Darse cuenta de que el más chico ya no entra en las botas de invierno no se ve. Comparar precios en tres negocios, tampoco. Acordarse de que el jueves hay que mandar la autorización firmada al colegio, menos todavía. Lo único que se ve, a veces, es el resultado: las botas nuevas, el papel en la mochila.

Por eso es tan común que una persona sienta que hace muchísimo y que el resto de la casa, con toda sinceridad, no lo vea. No hay mala fe de ningún lado. Hay un trabajo que no tiene horario ni lugar, que se hace en la fila del supermercado o antes de dormir, y que nadie anota en la lista de tareas porque ni siquiera parece una tarea.

Y lo que no se ve tampoco se puede agradecer. Cuando alguien dice «yo también hago cosas en casa», casi siempre tiene razón. Lo que pasa es que suele estar hablando de la parte que se ve.

No todos ven el mismo desorden

Cada persona de la casa tiene sus horarios, sus costumbres y su idea de qué es estar desordenado. Para uno, la ropa en la silla es ropa guardada; para otra, es un pendiente. Para los chicos, muchas veces el desorden directamente no existe. No es mala voluntad de nadie: es que no todos ven lo mismo. Y quien ve más termina haciendo más.

No es que no sepas cuidar tu casa

Si en tu casa el orden no dura, no es porque hagas algo mal. Ordenar para cinco no es lo mismo que ordenar para una, y la mayoría de los consejos que circulan están pensados para la segunda situación. Cuando un consejo no funciona en una casa con chicos y pareja, el problema suele estar en el consejo, no en la casa.

Tampoco se trata de convertirte en la encargada de enseñarle a todos. Eso también es trabajo, y del que no se ve.

Un consejo chico para esta semana

Elegí una sola cosa que hoy, en tu casa, sabés solamente vos: dónde están las pilas, cuándo se termina el detergente, qué día se saca el reciclaje. Una sola. Y contásela a otra persona de la casa, sin pedirle nada más que eso: que lo sepa.

No resuelve el reparto ni cambia la casa de un día para el otro. Pero saca una cosa de tu cabeza y la pone en dos. Es poco, y justamente por eso se puede hacer esta semana.

Una casa donde viven varias personas va a tener el desorden de varias personas. Eso no es un fracaso: es la señal de que ahí vive gente. Lo que sí puede cambiar, con el tiempo, es cuántas cabezas lo piensan.

Fuentes

  1. Daminger, A. (2019). «The cognitive dimension of household labor». American Sociological Review, 84(4), 609-633. https://doi.org/10.1177/0003122419859007

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Etiquetas:convivenciacarga mentalchicospareja

Equipo Metoteka

Escribimos sobre lo que cuesta sostener la casa, los hábitos y la cabeza, con fuentes serias y sin culpa.

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