Las cosas «por si acaso»: por qué guardamos de más
Los frascos, los cables, la ropa que quizás vuelva a entrar. Guardar por si algún día hace falta tiene razones, y casi ninguna es un defecto.

En casi todas las casas hay un rincón así. Un cajón con cables de aparatos que ya no existen, una bolsa llena de bolsas, frascos vacíos, limpios y apilados, un abrigo que hace años que no se usa pero está perfecto. Nada de eso se usa. Nada de eso se tira. Está ahí por si acaso.
Si reconocés el cajón, no sos la única persona. Y no es un capricho: guardar tiene razones, y algunas son muy razonables.
Lo que cuenta la gente
Cuando la gente habla de por qué le cuesta ordenar, el «por si acaso» aparece todo el tiempo, casi siempre con cariño y un poco de autoironía:
- Da pena tirar algo que todavía sirve. Muchos lo relacionan con haber crecido en años de escasez, cuando no sobraba nada y todo se guardaba porque conseguirlo de nuevo era difícil.
- Hay quien sacó cosas, al tiempo las necesitó y tuvo que volver a comprarlas. Esa sola experiencia pesa más que todas las veces en que no pasó nada.
- Hay objetos que directamente no se tocan. Para mucha gente, los libros son sagrados.
- Otros cuentan que no quieren tirar a la basura algo útil, pero tampoco saben a quién dárselo. Entonces se queda.
- Y no faltan quienes se ríen de sí mismos y se comparan con un hámster que junta provisiones para un invierno que nunca llega.
Por qué pasa
Guardar se siente prudente
Para generaciones enteras, guardar fue una forma de cuidar a la familia. Un frasco era un frasco; un botón, un botón. Ese aprendizaje no se borra porque cambien los tiempos, y no tiene por qué borrarse: es una forma de respeto por las cosas y por el trabajo que costaron. El problema aparece cuando esa prudencia se encuentra con una casa que ya no tiene lugar para todo lo que conviene guardar.
El arrepentimiento pesa más que el espacio
Cada objeto «por si acaso» trae una pregunta que no tiene respuesta segura: ¿y si después me hace falta? Nadie puede contestarla del todo. Guardar evita el riesgo de equivocarse; soltar lo deja a la vista. Por eso alcanza con una sola vez en que alguien sacó algo y después lo necesitó para que la próxima decisión cueste mucho más. No es exagerar: es aprender de la experiencia.
Decidir cansa, y lo que cansa se deja para después
Ferrari y Roster estudiaron en 2018 la relación entre postergar y el desorden en personas de distintas generaciones. Encontraron que la tendencia a dejar decisiones para después se relaciona con más desorden en casa. El «por si acaso» es, muchas veces, una decisión postergada con un nombre amable: en vez de decidir hoy qué hacer con algo, se le da un lugar en el estante y la pregunta queda para otro día. Ese día, claro, rara vez llega.
Y lo que se acumula también pesa
Roster, Ferrari y Jurkat encontraron en 2016 que el desorden por exceso de cosas se asocia con un menor bienestar y con sentir menos la casa como un refugio. Es una asociación, no una prueba de causa: no dice que guardar haga mal ni que tirar vaya a hacer bien. Dice algo más modesto: que cuando las cosas ocupan demasiado, a mucha gente le pesa. Si te pasa, no es tu imaginación.
No es culpa tuya
Guardar por si acaso no es un defecto de carácter. Es una mezcla de historia, de respeto por las cosas y de una pregunta que nadie puede contestar con certeza. Que te cueste soltar no quiere decir que seas desordenada ni exagerada. Quiere decir que pensás antes de tirar, algo que, en un mundo que descarta con tanta facilidad, tiene bastante de virtud.
Tampoco se trata de vaciar la casa ni de llegar a un número ideal de objetos. Se trata de que lo que guardás te deje vivir con comodidad en tu propia casa. Y si en algún momento las cosas ya no te dejan usar partes de tu casa, como una habitación en la que no se puede entrar o una mesa en la que ya no se puede comer, vale la pena pedir ayuda profesional. No es un fracaso: es buscar a alguien que sabe acompañar justo eso.
Un consejo chico para esta semana
No tires nada. Elegí un solo objeto que guardás por si acaso y completá la frase, en voz alta o en un papel: lo guardo por si… Tratá de que el caso sea concreto, con un cuándo y un para qué.
A veces el caso aparece enseguida (la olla grande, para cuando viene toda la familia en las fiestas) y el objeto se queda con todo derecho. Otras veces la frase no se completa. Las dos respuestas sirven: la primera te deja tranquila, y la segunda te muestra una decisión que venías postergando, sin obligarte a tomarla hoy.
Fuentes
- Ferrari, J. R. y Roster, C. A. (2018). «Delaying disposing: Examining the relationship between procrastination and clutter across generations». Current Psychology, 37, 426-431. https://doi.org/10.1007/s12144-017-9679-4
- Roster, C. A., Ferrari, J. R. y Jurkat, M. P. (2016). «The dark side of home: Assessing possession “clutter” on subjective well-being». Journal of Environmental Psychology, 46, 32-41. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2016.03.003
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