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Casa y orden5 min de lectura

Lo más difícil es decidir qué dejar

Limpiar no es lo peor. Lo que cuesta es pararse frente a un armario y decidir qué se queda. Por qué pasa y por qué no es un defecto tuyo.

Un placard de madera clara entreabierto, con ropa doblada en los estantes y luz de mañana entrando por la ventana.

Mucha gente que mira videos de orden dice lo mismo con otras palabras: limpiar no es lo peor. Lo peor es abrir un armario, mirar lo que hay adentro y decidir qué se queda y qué se va.

De todo lo que leímos sobre cómo vive la gente su casa, este fue el tema que más se repitió y el que más apoyo juntó. Y casi nunca aparece en los consejos, que suelen hablar de cómo limpiar y no de cómo decidir.

Lo que cuenta la gente

Aparece de muchas formas, pero siempre gira alrededor de lo mismo:

  • Da pena sacar algo que todavía funciona, por si algún día hace falta. Algunos lo relacionan con haber crecido en años en que no sobraba nada y todo se guardaba.
  • Las cajas con cosas para regalar quedan meses, o años, al lado de la puerta, porque nadie sabe a quién dárselas.
  • Hay quien sacó cosas, después se arrepintió y tuvo que volver a comprarlas. Desde entonces le cuesta más soltar.
  • Para otros el problema es directamente el lugar: un departamento chico, armarios llenos y ningún rincón libre para acomodar.
  • Y hay objetos que no se discuten. Para mucha gente, los libros son intocables.
  • Quien vive con otros suma una capa más: lo que uno saca, otro lo rescata de la bolsa.

Por qué pasa

Decidir cansa, y lo que cansa se posterga

Ferrari y Roster estudiaron en 2018 la relación entre postergar y el desorden en personas de distintas generaciones. Encontraron que la tendencia a dejar decisiones para después se relaciona con más desorden en casa: las cosas se acumulan, en buena parte, porque decidir qué hacer con ellas se patea.

Eso cambia la pregunta. No es «¿por qué no ordeno?», es «¿por qué me cuesta tanto decidir?». Frente a un armario lleno, cada objeto es una decisión chiquita: ¿lo uso?, ¿lo voy a usar?, ¿a quién se lo doy?, ¿y si después me hace falta? Multiplicado por cien, cualquiera se cansa antes de terminar el primer estante.

Las cosas no son solo cosas

Un abrigo que era de alguien querido, los libros de otra época, los frascos que siempre sirven. Muchos objetos traen memoria, respeto o la sensación de que tirar algo útil está mal. Eso no es un defecto: es una forma razonable de cuidar lo que se tiene. Pero hace que cada decisión pese más que la anterior, y que la tentación de cerrar el armario y dejarlo para otro día sea enorme.

A eso se suma el miedo a equivocarse. Si una vez sacaste algo y después lo extrañaste, es lógico que la próxima vez prefieras no arriesgar. Guardar se siente seguro; soltar, en cambio, parece una apuesta. Por eso tantas personas cuentan que empiezan con energía, llegan al primer objeto difícil y ahí se frenan.

Y el exceso también pesa

Roster, Ferrari y Jurkat encontraron en 2016 que el desorden por exceso de cosas se asocia con un menor bienestar y con sentir menos la casa como un refugio. Es una asociación, no una prueba de causa: no dice que sacar cosas te vaya a hacer sentir de una manera u otra. Dice algo más simple y más útil: que no sos la única persona a la que esto le pesa.

No es culpa tuya

Si te cuesta soltar, no es que tengas un problema de carácter. Es que decidir, de verdad, cuesta, y frente a cientos de objetos se vuelve agotador. Mucha gente intenta resolverlo de una sola vez, en un fin de semana heroico, y termina cansada, con bolsas que no salen de casa y con algún arrepentimiento que hace que la próxima vez cueste más.

Retarse tampoco ayuda. Wohl, Pychyl y Bennett vieron en 2010, en estudiantes, que quienes se perdonaban haber postergado el estudio antes de un primer examen postergaban menos antes del siguiente. Es un estudio con estudiantes, no con casas, pero la idea se entiende: tratarte con menos dureza no es aflojar. Es lo que deja volver a intentarlo.

Un consejo chico para esta semana

No saques nada todavía. Abrí un solo cajón y, mientras mirás lo que hay, prestá atención a qué te frena cuando dudás con un objeto. ¿Es «por si sirve»? ¿Es pena? ¿Es no saber a quién dárselo? Anotá cuál es tu pregunta difícil.

Saber qué pregunta te traba no resuelve el armario, pero cambia algo: la próxima vez vas a reconocer la duda en lugar de sentir que simplemente no podés.

Fuentes

  1. Ferrari, J. R. y Roster, C. A. (2018). «Delaying disposing: Examining the relationship between procrastination and clutter across generations». Current Psychology, 37, 426-431. https://doi.org/10.1007/s12144-017-9679-4
  2. Roster, C. A., Ferrari, J. R. y Jurkat, M. P. (2016). «The dark side of home: Assessing possession “clutter” on subjective well-being». Journal of Environmental Psychology, 46, 32-41. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2016.03.003
  3. Wohl, M. J. A., Pychyl, T. A. y Bennett, S. H. (2010). «I forgive myself, now I can study: How self-forgiveness for procrastinating can reduce future procrastination». Personality and Individual Differences, 48(7), 803-808. https://doi.org/10.1016/j.paid.2010.01.029

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Etiquetas:soltardecidirpostergarculpa

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